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Homenajes

Pablo Payo Pérez

«Pablo Payo Pérez, Piensos y Paja, Provincia de Palencia». Así se presentaba uno de los mesoneros más simpáticos y entrañables, del Camino de Santiago, a su paso por la provincia de Palencia. Pablo Payo se dedicaba, antes de abrir su mesón en Villalcázar de Sirga, al comercio de los piensos y lucía con humor el gran número de «pes» de su tarjeta de visita. Suya era la hospedería donde se acogía gratuitamente a los peregrinos, a los verdaderos, no a los turistas que se hacían pasar por tales, y les ofrecía también gratuitamente, un menú que constaba de: media hogaza de pan a manera de plato, sopa castellana, chorizo, queso, vino, pan y una copa del licor del peregrino que él inventó. Lógicamente esto lo dejaron de hacer a partir del boom del Xacobeo del 93, donde empezaron las hordas de caminantes, peregrinos y demás santiaguistas, pícaros, gallofos,bordoneros, etc. a invadir el Camino de Santiago.

  Pablo se convirtió en el símbolo del Camino de Santiago a su paso por Palencia y Castilla. Sin lugar a dudas ha sido uno de los mejores Embajadores que ha tenido nuestra Tierra.

En su memoria se erigió  en el año 2005, una escultura en la plaza de Villalcázar de Sirga, donde nació en 1920. Un sinfín de fotos, tarjetas postales y obsequios (entre los que se encuentra un adoquín del muro de Berlín) muestran el agradecimiento de miles de peregrinos hacia la figura del Mesonero Mayor del Camino de Santiago, nombramiento
honorífico que recibió en 1990 de la Asociación Internacional de Amigos del Camino de Santiago.

En 1996 el Ministro de Información y Turismo, don Manuel Fraga Iribarne, con quien le unió una estrecha amistad, le condecoró con la Medalla al Mérito Turístico. Su dedicación al arte de asar en horno de leña el lechazo churro, lo reconoció la Cooperativa de este originario producto palentino, al otorgarle el” Lechazo de Oro 1991”. Igualmente la Cámara de Comercio e Industria de Palencia premió al restaurante con la medalla de plata.

Debemos también hacer un justo y más que reconocido homenaje a su mujer Dominga, esposa inseparable, trabajadora incansable y siempre a la sombra de este pequeño-gran hombre que supo engrandecer la gastronomía palentina y castellana.

Debo admitir mi debilidad por este Asador-Restaurante, que he frecuentado en innumerables almuerzos, desde aquel agosto de 1989 que paré por primera vez camino de Compostela.

Reconozco que continúa siendo, uno de los Templos Gastronómicos más significativos de Castilla y de todo el Camino francés, donde comer se convierte en un auténtico placer.

Pablo estuvo al frente del Mesón desde su inauguración, en el año 1965 Año Santo, hasta 1995 que se jubiló y no por ello dejo de ir todos los días al mesón hasta su fallecimiento en Carrión de los Condes, el 14 de Abril de 2003. Sus hijos y demás familia, continúan con las tradiciones del Mesón, con el tradicional lechazo churro, la hospitalidad y el excelente trato a los peregrinos y visitantes.


Ovidio Campo Fernández

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Homenajes

ROBERT PLÖTZ

Robert Plötz (1942-2017) era ya un destacado y apreciado investigador cuando lo conocimos con ocasión del congreso que se celebró en Perugia en 1983 bajo el título de Il Pellegrinaggio a Santiago di Compostella e la letteratura jacopea. Fue este un congreso que tuvo un especial significado, sobre todo porque, por primera vez, se reunieron allí los principales estudiosos que se dedicaban a la peregrinación compostelana.
Con él nació desde entonces no solo una honda y fructífera colaboración científica, sino también una estrecha amistad que ha durado hasta el 26 de agosto de 2017, cuando, después de una grave y breve enfermedad, Robert nos dejó. A partir de este primer encuentro su aportación fue absolutamente significativa, ya que él introdujo en la comunidad científica compostelana –que empezaba en esos años a articularse– el principio de la importancia de la aproximación interdisciplinar, así como una gran atención hacia la antropología y el estudio de las mentalidades. Esta visión particular que lo caracterizaba quedó entonces magistralmente expuesta en su ponencia sobre las Irradiaciones del culto jacobeo en Franconia: un modelo metodológico.
En su opinión, el investigador podía utilizar muy diversas fuentes para la comprensión de los temas tratados, sea cual sea su origen, siempre y cuando que estas fuesen rigurosas y verificables. Nos dijo que las fuentes diplomáticas y textuales a las que hacía falta recurrir podían ser “actas de fundaciones, actas y libros parroquiales, bibliografía, biografías, bulas de indulgencias, cancioneros, cartas de trasferencias, cartularios, catálogos de exposiciones, catecismos, colecciones de dichos, colecciones de fuentes, conclusiones sinodales, descripciones de costumbres y devociones, descripciones de posesiones, disertaciones sobre Compostela, documentación jurídica (como protocolos de juicios, disposiciones o leyes), documentos personales (como biografías, cartas, diarios)…”. Mientras que para fuentes plásticas y la cultura material señalaba: “Adornos domésticos, campanas, capillitas campestres, copia de imágenes, cuadros (en edificios: representaciones de milagros, peregrinos, fundadores), evocaciones, estampas de romerías, exvotos, huellas santas, ilustraciones, impresos (estampas piadosas), inscripciones, insignias, trajes de peregrinos, lápidas funerarias, medallas, monedas, monumentos campestres, objetos de costumbres, plástica y pintura popular, votivos”. En realidad, se podía utilizar cualquier tipo de testimonio, de la época que fuese, que conservase el signo de la peregrinación compostelana.
Robert Plötz se movía muy bien en este inmenso patrimonio, ligado a la cultura material de la peregrinación, gracias a su prestigio adquirido como estudioso acostumbrado a manejar fuentes paleográficas, literarias y documentales, junto a materiales que procedían de la cultura de la peregrinación. Su vida fue, sin duda, un verdadero y largo camino intelectual y espiritual en el mundo jacobeo. Solía decir, con una de sus frecuentes frases latinas, Vita peregrinatio est ad limina beati Jacobi. El Camino de Santiago ha sido, pues, el espacio científico, físico y humano en el que ha transcurrido gran parte de su vida. De hecho, además de su faceta como apreciado y prestigioso estudioso jacobeo, Robert fue también el Presidente de la Deutsche St. Jakobus-Gesellschaft, la principal asociación de peregrinos alemanes, la cual dirigió durante 25 años.
El Camino entró en su vida desde el momento en que su doctorado sobre los orígenes del culto a Santiago lo había llevado a los archivos y a las bibliotecas españolas. Dicha investigación supuso un estudio sistemático de todas las fuentes que habían precedido y justificado el descubrimiento de la tumba apostólica, y que, consecuentemente, habrían consolidado el culto de Santiago, primero en Galicia y, luego, en toda la cristiandad medieval. Un trabajo de gran rigor científico que ha servido de punto de referencia a los estudios posteriores sobre esta cuestión. De su carrera me gustaría destacar una serie de hitos que le permitieron siempre tener presente la cultura española y la peregrinación jacobea. Así, a principios de los años setenta, la Universidad de Oviedo le ofrece el puesto de Lector de Alemán (1971-1977). Posteriormente, a su vuelta a Alemania, fue nombrado, a partir de 1979, director del Niederrheinsches Museum für Volkskunde und Kulturgeschichte de Kevelaer, en Renania, que en poco tiempo convirtió en un centro muy activo de diversas iniciativas culturales, muchas de ellas relacionadas con Santiago y las peregrinaciones. Por último, concluirá su vida profesional colaborando con la cátedra de Historia Medieval de la Universidad de Wurzburg, en donde a partir de 2003 da clases sobre la historia de Franconia. En este contexto maduraron muchas de sus publicaciones y sus numerosas participaciones en congresos, encuentros de estudio, exposiciones y conferencias en toda Europa.
El Camino de Santiago como área científica, como realidad física, como lugar de encuentro, se convirtió en un espacio permanente de su vida. Signo evidente del prestigio conseguido en el mundo científico internacional es su presencia continuada en los más importantes comités científicos que se formaron a raíz del renacimiento de la cultura compostelana y jacobea. Ya en 1985 formaba parte del comité científico que organizó para Europalia la exposición Santiago de Compostela. Mil ans de pèlerinage euopéen, mientras que en 1986-87 participó en la comisión que formuló, por encargo del Consejo de Europa, la Déclaration de Saint-Jacques de Compostelle. Asimismo, a partir de 1992, y durante 25 años, fue un miembro muy activo y absolutamente decisivo del Comité Internacional de Expertos del Camino de Santiago de la Xunta de Galicia. Suyo es el título de la revista Ad Limina, suya es la dirección del ejemplar congreso Santiago de Compostela. Ciudad y peregrino, en el que se analizaron los complejos mecanismos que habían estructurado y modificado la ciudad a consecuencia de la imparable peregrinación que la tenía como meta. Junto a Klaus Herbers fundó y dirigió, además, la colección de estudios jacobeos Jakobus Studien, una sólida colección científica que recoge los mejores resultados de la investigación jacobea alemana. A él debemos también un sinfín de artículos, ponencias y obras de referencia, entre las que cabe destacar: Caminaron a Santiago. Relatos de peregrinación al “fin del mundo”. En dicha obra, escrita conjuntamente con Klaus Herbers, ambos autores nos ofrecen las claves y los hitos de la literatura odepórica compostelana desde Künig von Vach a Arnold von Harff, de Leo de Rozmital a Nicola Albani.
Además de su lado científico no podemos dejar de destacar aquí su lado humano. Robert ha sido siempre un amigo leal, fiel y entrañable, con quien hemos tenido el privilegio de compartir muchas vivencias del renacimiento de las peregrinaciones compostelanas. El suyo ha sido un largo y apasionado recorrido por el estudio de la peregrinación y, al mismo tiempo, un firme compromiso en la defensa del patrimonio material e inmaterial jacobeo, en donde él nos ha dejado para siempre una huella clara e imborrable.
Paolo Caucci von Saucken

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Homenajes

Julián Campo

 

La muerte sorprendió a seis personas la tarde del 21 de agosto de 2006, cuando viajaban en tren, procedentes de Santiago de Compostela, donde el día anterior habían dado el abrazo al Apostol. Uno de los pasajeros que perdió la vida en el accidente es Julián Campo.

Era coleccionista de corbatas caras, tenía en propiedad bares, tiendas… Hoy embalsama cadáveres en Calcuta, cura a los enfermos, espanta a las ratas. ¿Por qué?

Julián Campo ha aprendido a embalsamar cadáveres, a devolverles la dignidad, y a alojarlos en el camión municipal que visita diariamente la misión de la madre Teresa. No es fácil sobreponerse a la voracidad cotidiana de los cuervos, de las ratas y de los gusanos carnívoros, pero este converso de Burgos amaestrado en los jesuitas ha encontrado la paz en el arrabal más deprimido de Calcuta: «Bendito infierno», sentencia el voluntario español en homenaje a las hermanas de la caridad. «Bendito infierno«, repite mientras una niña tullida y desconsolada se lava la cara para salir más guapa en la fotografía.

«¿El momento más duro? Me costó mucho trabajo tocar por vez primera el cuerpo de un enfermo. Y resultó tremenda la experiencia de sujetar un cadáver entre mis brazos. Creía que podía haber hecho más, que a lo mejor se hubiera salvado en otras manos más expertas que las mías. «¿No hay nada que hacer?», le pregunté a una de las hermanas. «Si sabes rezar, reza«, me respondió.

El cuerpo esquelético, la barba profética y la cruz de madera en el pecho delatan una sonrisa solidaria entre las hermanas de la caridad y los pobres entre los pobres. Nadie sabe que nació hace ya 43 años, que se convirtió a la fe del maestro Antoñete en el esplendor de los 80, que pesaba nada menos que 140 kilos, que renunció a todos los negocios personales -bares, tiendas, Cortefiel-, o que estuvieron a punto de administrarle la extrema unción en el desliz de una confusión hospitalaria.

«Me ingresaron de urgencia con una úlcera de páncreas. Y ocupaba la habitación que había dejado libre un paciente fallecido. En el ajetreo del cambio, el sacerdote vino hacia mí como si yo fuera el moribundo. Y me dijo: ‘sé que estos momentos son muy difíciles…’. ‘Se equivoca de paciente, padre’, le respondí para deshacer el nudo del estómago. Nunca como entonces había visto tan de cerca las orejas del lobo», explica sonriente Julián Campo con la sensación de haber recibido el tercer aviso.

Se acabaron los sanfermines, los peregrinajes taurinos, los homenajes gastronómicos del norte, los viajes a Cuba. Y se terminaron para siempre los disgustos en horario de oficina. Nadie sabía entonces, ni siquiera Julián, que el exilio circunstancial a un apartamento de Marbella -«nada que ver con la jet, por favor»- entrañaba un proceso catártico en dirección a la madre Teresa de Calcuta.

«Aquí aprendes a valorar la vida, a modificar la escala de valores occidental, a entender el sentido de la caridad, de la generosidad. Se habla mucho de los pobres, pero nadie habla con ellos. Y son los pobres quienes me han enseñado el sentido de este trabajo humanitario: te dan más de lo que tienen, te quieren, te transmiten unas sensaciones humanas que no he percibido fuera de aquí.

Julián Campo menosprecia el historial de las enfermedades propias, incluso trata de desdibujar el mérito implícito en tres años consecutivos de entrega. Se levanta a las cinco de la mañana, asiste a la misa voluntaria de las seis, atiende personalmente a una familia que ha adoptado en la calle, dedica 12 horas a los moribundos, friega, lava, cura, extirpa gusanos, pone inyecciones, espanta a las ratas, corta el pelo, juega con los niños…

«No tuve el valor de marcharme cuando vine a Calcuta. Fueron los peores cinco días de mi vida. Me preguntaba si era necesario tanto dolor, si hacía falta llevar los extremos de la miseria a unas experiencias tan horrendas. Me ayudaron a salir adelante un sacerdote español y otro voluntario de Barcelona. Después, superado el trauma inicial, me di cuenta de que las dudas palidecían con el ejemplo impresionante de las hermanas, o con su rostro feliz e iluminado. Esta es la verdadera fe». Habla Julián Campo, el socio del Atleti, el coleccionista de corbatas caras, o el agitador más popular de Burgos. Muchos aficionados a los toros recuerdan su imagen oronda y afable en el itinerario ritual de Antoñete, pero ignoran que ha decidido retirarse a un pequeño hostal de Calcuta para seguir el ejemplo de la Madre Teresa.

«No me arrepiento de la vida anterior. Al contrario, creo que una y otra experiencia son las que me permiten valorar como un acierto esta modesta retirada a la India. Soy de los hombres que no quieren participar en la carrera, de la estirpe que señala a aquellos que no compiten en la sociedad. Y soy más feliz que nunca».

La revelación se produjo en el lance casual de un peregrinaje al monte del gozo. Resulta que Julián se aventuró al camino de Santiago hace tres años en compañía de un grupo de amigos. Y resulta que un voluntario español se le apareció en el camino para descubrirle el misterio de Calcuta, o para mostrarle el contexto de la verdadera vocación.
¿Dónde?

«No tenía la menor intención de permanecer allí más de una semana. De hecho, aparqué el coche en el aeropuerto con la intención de recogerlo a mi regreso. Aquí estoy, sin Audi, sin casa, sin ninguna propiedad personal. Me queda un apartamento alquilado en Marbella y algún dinero en el banco. Nada más. Ni quiero».

Ni una rupia

El matiz viene a cuento porque los voluntarios de la madre Teresa no cobran una rupia. Ni siquiera reciben ayudas para costearse el viaje, para mantener la residencia, o para compensar el esfuerzo de 12 horas consecutivas. «Vas allí y te pones a trabajar a tu aire. Nadie te pide ayuda, ni te indica lo que tienes que hacer. Primero aprendes, después te sueltas, y, al final, acabas la jornada extenuado, con una sensación plena de vitalidad. No te puedes imaginar la manera en que los pobres entre los pobres agradecen que escuches sus pequeñas historias, sus problemas, sus ilusiones. Un trozo de cielo en el infierno».

Julián Campo ha aprendido a hablar bengalí. Y a utilizarlo con la familia que se ocupa de custodiar en el arrabal más deprimido de Calcuta. El padre trabaja de hombre caballo; la madre atiende la casa -es un decir- en un resquicio miserable de la acera, mientras que los cuatro niños van a la escuela cuando se lo consiente el régimen severísimo de las enfermedades: malaria, tuberculosis, tifus…

«Tío Julián, tío Julián«, le gritan nada más reconocerlo en la pestilente embocadura de la calle. Pantalones cortos, aspecto descuidado, una camisa estampada con la imagen del Cristo de Burgos, una sonrisa descomunal. «Ésta es mi familia, mis niños, mi gente. Como lo son las hermanas de la caridad. Nada de sectas, ni de religiones. La madre Teresa me enseñó un consejo fundamental: si eres cristiano, sé un buen cristiano; si eres musulmán, sé buen musulmán; y si eres hindú, sé un buen hindú».

¿Cómo era la madre Teresa? Julián adopta un semblante serio, solemne, grave. Podría decir que era una santa, o que sacrificó la vida en beneficio de los demás, pero el hermano Campo dibuja un retrato más abstracto y sentido: «los ojos, la mirada serena, el calor de las manos, la abnegación, la vitalidad, la paz, la energía».

Y así, hasta que Julián Campo reconoce el sentido de tres años en el umbral de la pobreza. «Me marcharé cuando el trabajo se convierta en una rutina, cuando sienta que la vida y la muerte han dejado de soprenderme, cuando vea que me levanto a las cinco de la mañana como si los enfermos y los moribundos fueran una mera obligación. Sé muy bien que no he solucionado el problema del hambre, que la misión apenas representa una gota en el océano, pero no quiero reprocharme haber abusado de la vida cuando la muerte y la pobreza abusan de los demás. Aquí he aprendido a dar y recibir la dignidad».

Rubén Amón

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Homenajes

Alejandro Uli

Alejandro Uli Ballaz, (Sangüesa 6-5-1924 – Zaragoza 13-2-2018), o José María de Sangüesa, que es el nombre que tomó como fraile en la Orden Capuchina.

La casa familiar en su localidad natal se encuentra a escaso 10 metros de la Iglesia del Apóstol Santiago, donde fue bautizado, este hecho, me comentó en alguna ocasión, hizo que ya desde niño sintiera una especial devoción por el Apóstol.

Tras su paso por los conventos de Rocamador en Estella, por el colegio de Lecároz y como profesor en la escuela que los capuchinos tenían en Tudela, llegó a Zaragoza al Convento de San Antonio de los PP. Capuchinos. Se licenció en Filosofía y Letras, oposito a Agregado de Cátedra y con posterioridad a Catedrático ejerciendo la misma en varios Institutos de Secundaria tanto en localidades zaragozanas como en la capital, hasta su jubilación Es en 1971 cuando lleva a cabo su gran deseo, “hacer el Camino de Santiago”, describe su experiencia en su primer libro sobre El Camino, “Herru Sanctiagu” (1976), donde describe fielmente ese su primer Camino . A ese le siguieron ¿Te vienes a Santiago? (1990) y Vivencias Jacobeas (2004), así mismo es coautor con José Garrido del libro “El Camino de Santiago por el Valle Medio del Ebro” (2005) Una curiosidad en 1984 publica una novela, sin relación con El Camino, “La chica del Expreso” que firma con el seudónimo de Julián Laredo, nombre que se obtiene tras combinar las letras de su nombre y primer apellido. Fundó en 1987 la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Zaragoza a la que presidió hasta abril del 2000.

Fue un gran conocedor del Camino y Él disfrutaba hablando sobre el mismo, era una gozada escucharle, yo lo definiría como EL PEREGRINO QUE NACIÓ PARA SERLO Una serie de casualidades me unieron a Alejandro, la primera es que sin conocernos coincidimos en Santiago el Año Santo de 1971, el terminó su primer Camino y yo junto a mi esposa, comenzamos a caminar juntos por la vida del matrimonio, Él me informó y animó para mi primer Camino en el Xacobeo ‘93, en febrero de 2012 acompañe a Alejandro en el que sería su último Camino a pie, el Camino Inglés.

El 9 de febrero de 2018, tras una de las frecuentes tertulias alrededor de un café cuando nos despedíamos me hizo subir a su habitación, cosa muy poco habitual, y señalando con el bastón me hizo un extraño encargo, “abre esa caja”, en ella había una reproducción de la puerta de la iglesia de Santiago en Sangüesa, “abre esa otra” en ella era una imagen del Apóstol, ambas le habían sido entregadas en un homenaje que las Asociaciones de Pamplona y Zaragoza le había hecho en su pueblo en 2015, y añadió “la imagen de Santiago y la reproducción de la puerta de la iglesia de mi pueblo quiero que sean para Giuseppe”, un Peregrino Italiano con el que le unió una excelente amistad hasta el punto que Alejandro fue a Budapest en 2017 para asistir a la boda de Giuseppe con todos los gastos pagados nos despedimos y una hora más tarde me llaman para decirme que cuando Alejandro bajaba de su habitación al comedor ha caído al suelo victima de un derrame cerebral, fui la ultima persona que lo vio en vida, por cierto que la reproducción de la puerta de la iglesia de Santiago “desapareció ¿misteriosamente?”, la imagen la sigo teniendo en mi poder a la espera de que la pandemia permita a Giuseppe venir a recogerla. Y termino, cuando Alejandro regresaba de Santiago me decía “El Apóstol al despedirme me ha dicho hasta el próximo Camino Alejandro” y tras su regreso de la que fue su última visita a Santiago un par de meses antes de su accidente cerebral le pregunté “Alejandro ¿Qué te ha dicho el Apóstol?”, su respuesta me dio que pensar el día 9 de febrero, por el encargo que me hizo, “no lo se , no llevaba puesto el sonotone”.

Luis Valles Gascón

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Homenajes

Jaime García Rodríguez

Biografía: nace en O Cornado, parroquia San Pedro de Bugallido (Negreira) en el año 1929. En el seno de una familia numerosa dedicada a la agricultura y a la forja. Familia amplia y numerosa, destacando su carácter familiar y su buena relación con ella.

De vocación algo tardía entró en el Seminario de Santiago, donde comenzó su preparación. Se licencia en Teología por la Universidad de Comillas y ampliará estudios en la Universidad Gregoriana de Roma.

Buen estudiante, tenaz, emprendedor y fiel servidor, siempre entendío el sacerdocio como un auténtico servicio.
Una vez ordenado fue destinado a Bueu, donde llega a sintonizar con la juventud y a tener un papel destacado en la construcción del campo de fútbol y en la fundación de la Sociedad Deportiva Bueu, allá por los años 50. Se estaban cimentando las bases para su amplia acción pastoral.

Pronto será nombrado Consiliario nacional de Acción Católica, movimiento cristiano de base para promover la acción evangelizadora y catalizar la pastoral, destacando la peregrinación, como sentido humano de la vida.

Del año 1968 al 1982 fue Vicario Episcopal de Enseñanza y Catequesis, donde se notó su buen hacer y dedicación, haciendo reuniones periódicas con los distintos profesores y agentes de catequesis. Colaboró con la Consellería de Educación de la Xunta de Galicia y formó parte del Consello Escolar de Galicia.

Participa activamente en la puesta al día del Concilio Vaticano II, de aquí emana su sentido ecuménico.
En la década de los 80 es nombrado Canónigo de la Catedral de Santiago, donde sería Secretario del Cabildo y Delegado de Peregrinaciones, y persona visible de la Diócesis de Santiago en los Años Santos 1993, 1999 y 2004.
A finales de la década de los 80 la peregrinación empieza a repuntar, primero se atendía a los peregrinos en la Secretaría de la Catedral, luego en un pequeño cuarto donde hoy está la tienda de la catedral mirando a la plaza de las Platerías, y que linda con la Puerta Real. Dadas las necesidades se van a mudar al local lindante con la Puerta Santa, local que también lo era y lo seguirá siendo de la Archicofradía Universal del Apóstol Santiago. En el Año Santo 1993 y dada la gran afluencia de peregrinos se empieza a acondicionar una nueva Oficina del Peregrino en la Casa del Deán en la vecina Rúa do Vilar, finalmente se inaugurará en junio.

La Archicofradía de su mano y de una Junta Gestora sufre una refundación, se intenta recuperar aquel órgano de acogida y atención al peregrino nacido en el cercano Hospìtal Real allá por el año 1499 estructurado en torno a cuatro grandes patios, simbolizando el Tetramorfos, hoy Hostal de los RRCC y Parador de Turismo.

Poco a poco y recabando información de los archivos propios y manteniendo correspondencia con el diverso y variado tejido asociaciativo a nivel mundial y de acogida del Camino, se ponen los cimbres para el I Encuentro Mundial de Cofradías del año 1994 (y que sirve de análisis del Año Santo 1993).

De repente una entidad como la Archicofradía que parecía de más apariencia que trabajo, toma el mando y se hace presente en la peregrinación, recobrando su primer objetivo, la difusión del Evangelio acomodado a la peregrinación.
El diálogo jugó un papel primordial entre el movimiento asociativo y el de cofrades. La idea era preservar el auténtico espíritu de la peregrinación como religioso, espiritual o de búsqueda interior y diferenciarla del senderismo o de otras motivaciones más deportivas y de promoción turística.

Los Encuentros Mundiales de Cofradías se siguen repitiendo coincidiendo con los Años Santos, para la preparación de éstos: 1999, 2004, 2009 (Año Santo 2010) y el 2020 (Año Santo 2021).

La Junta Gestora y luego la Junta Directiva fueron aglutinando a diversas personalidades y a diferentes sensibilidades del Camino y de la Peregrinación, entendiéndola como un fenómeno universal.

El papel de Don Jaime no sólo se reducía al de Consiliario, sino también al de “alma mater” dada su atalaya, la Oficina de Peregrinos, que le permitía adelantarse a los acontecimientos y también de la renovada Revista Compostela a partir de 1993, que pasa a ser el portavoz oficial, y va dando voz y lugar a diferentes colaboradores y a la singular y variada temática jacobea a lo largo y ancho del orbe.

Siempre luchó por defender la independencia del fenómeno religioso de la peregrinación frente al de la necesaria promoción cultural y turística. No se cansaba de recibir peregrinos en la oficina o en su despacho e incluso en confesión, era quien de despertar lo mejor en cada quien.

Cuando viajaba a algún evento siempre iba saludando a los peregrinos y gozaba de hacer tramos en paralelo. En estos viajes siempre tenía una cita con el Santo Rosario, con diferentes referencias en el Camino, una de las conocidas es la del Rosario en las inmediaciones de Palas de Rei, donde los peregrinos aprovechaban para rezarlo; otros lugares de tradición parecida son el Puerto de Ibañeta, el Alto del Perdón, la campiña castellana (esa estepa que tanto ayuda a la reflexión en el Camino y no se entiende el saltársela), la Cruz de Ferro, o Cebreiro. También había sus referencias en otros caminos, como en el portugués, en la vía de la Plata, en el camino Primitivo…

Gran animador y promotor de: reuniones de los Delegados de Peregrinaciones para el Año Santo, reuniones y confección de materiales para las reuniones de los obispos del Camino, reunión de párrocos y otros agentes del camino y posteriormente formación a los encargados de atender las iglesias del Camino en Galicia y en la Oficina del Peregrino en Santiago, así como la formación de Voluntariado.

Dentro de sus aportaciones están:
La coordinación y aportación a los Diez Temas Didácticos de la Peregrinación, impreso en diversos idiomas y cabecera de loa años Santos 1993 y 1999.
Coautor de “La guía espiritual del Peregrino del Camino de Santiago de Compostela”, junto con el navarro D. Jesús Arraiza Frauca y con el barciano D. Antolín de Cela Pérez.
Autor de múltiples artículos de la Revista Compostela, así como otras aportaciones y reuniones. Así como en diferentes publicaciones y actas de diferentes congresos.
Como sabemos falleció en el 2009 a los 80 años de edad después de haber sufrido varios cuadros circulatorios. Descansa en el claustro al igual que Don Gaiferos allí se encontró con el Padre al final de su peregrinación.
El Romance de Don Gaiferos toma cuerpo en quien fue el corazón impulsor de la Peregrinación a Santiago a finales del S.XX.

Su carácter venía fraguado de los sacrificios del rudo trabajo agrícola y de la doma del hierro con fuego en la forja. Persona con ideales claros y traza recta, pero de gran corazón y sobre todo de un gran sentido del humor. Algún chascarrillo suyo aún resuena cual eco en la antigua oficina de la Casa del Deán: “seica fuches a misa a Conxo” (en Santiago hace alusión al barrio y famoso edificio de los Mercedarios a unos 3 km del centro, lo usaba para decir que llegabas tarde de hacer algún recado).

Con un pañuelo de mano hacía un juego muy visible, lo doblaba y hacía un objeto alto, al que le pegaba y caía o doblaba, sin embargo cuando el objeto era más bajo se arqueaba, pero nunca caía, podía ser una metáfora de la propia vida y aplicarse al famoso refrán, “Cuánto más alto subas, más grande será la caída”.

Muchos paseos por la Herradura, muchas horas de compartir trabajo, mucha complicidad y sobre todo, siempre trataba de hacer equipo. Una máxima lo definía: “A quien duda ya se le puede mandar sólo”, y lo decía sobre todo porque el que dudaba se preocupaba por el buen desempeño de su labor.

Cubría y firmaba las Compostelas siempre que era posible, le gustaba estar en contacto con los peregrinos, sondear la salud del Camino y dialogar de modo constructivo. Cuántos peregrinos lo han tratado, conocido y lo visitaban siempre que acudían a Santiago como un rito más, igual habría que sumarlo al de la visita a la tumba y el abrazo a Santiago.
Humildemente siempre tenía palabras de ánimo para ellos y los hacía partícipes de las celebraciones litúrgicas, citando sa procedencia y haciéndolos partícipes, en las lecturas, en las preces e incluso en las invocaciones, dándoles un sentido ecuménico y universal, su acogida era cálida, sencilla y franca. También los invitaba a dejar su testimonio por escrito.

Peregrinó a la casa del Señor con la sensación del trabajo bien hecho, con la satisfacción de conseguir su Compostela particular, mientras los demás seguimos en Camino.

Antonio Fondo Rodríguez

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Homenajes

José María Alonso Marroquín

Este triste año, el día del aniversario de la muerte de San Juan de Ortega, el 2 de junio, en compañía de mi mujer, Elba, me acerqué rozagante – pese a mis años y a la pandemia – al Santuario, porque llevaba un marco dorado contenedor de la distinción por la Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago del Premio Internacional Trifinium Jacobeo (cada 3 años) “A una vida” dedicada al Camino de Santiago”, en el que se lee: “A José María Alonso Marroquín (Fuentebureba, 1926-2012 Burgos)”.
“Heredero de la secular labor hospitalaria que iniciara San Juan de Ortega en el siglo XII, sacerdote que dedicó, en mitad de los inclementes Montes de Oca, los últimos treinta y dos años de su vida a la atención vocacional de los peregrinos y pastoral de su feligresía desde el monasterio-iglesia parroquial de San Juan de Ortega, consiguiendo el bien de las personas allí a su cargo y rescatando del olvido el santo nombre de su monasterio para relanzarlo nuevamente a la rama jacobea”.
Otorgado en Santiago de Compostela, a 5 de diciembre de 2015.
Entregamos el diploma, en nombre de la Confraternita di San Jacopo di Compostella, a D. Andrés Picón, párroco del Santuario, para que lo colocase en el sepulcro que en el claustro cobija los restos del anterior párroco y conozcan todos por qué está allí.
En el título se dice mucho con “una vida dedicada al Camino de Santiago”. La memoria de los viejos como yo es olvidadiza; pero siempre quedan retazos, fotografías, arañazos del malsines y bastardos… Fijémonos en los aciertos: Cuando falleció mi padre, casualmente el día de Santo Domingo de la Calzada, en la misa del altar, como cocelebrante, apareció D. José María. El 17 de enero de 2003, D. José María celebra la Eucaristía en “las ruinas clamando al cielo”, que escribiría D. Bonifacio Zamora, de San Antón de Castrojeriz. La foto, en la que aparece durante la elevación del Santísimo, juzgué que debía presidir, y preside, la pared a ello dedicada en el caserón familiar de los Arribas en Villarmentero. Paolo, confiado en que, por los recuerdos comunes, la casona parece también de los Caucci, bendijo (sic) la estatua de Santiago, en granito de Galicia, que hay en el patio, y tuvo que venir D. José María a desfacer el entuerto.
El comedor del Santuario de Ortega lo tuvo siempre abierto D. José María, hombre acogedor por encima de todo, para todos nosotros. Veo un recorte de prensa en el Diario de Burgos (9.3.91), que con un almuerzo de hermandad ofrecido por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Burgos (del que yo era presidente y me sucedió D. José María), (cuando la “Asociación era verdadera”) se clausuraba la Asamblea General de la Coordinador de las Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago. Aquí, acogido a la secular hospitalidad, se celebraron eventos familiares que han dejado huella: Ovidio Campo con su hijo, Juan de Ortega; su primogénito Santiago. Jesús Arias, el Jato, que casó a una hija, que, por intercesión del Santo, no se murió de frío. El perro Calixto, en cuyo favor escribí: “El único favor que me pidió en su vida “el cura de las sopas de ajo”. Y hasta la familia real.
En una colaboración que me ha solicitado la Editorial Planeta, para el libro “Un camino ilustrado” narro:
“Notorio es que los dos primeros hijos del Rey Emérito, Don Juan Carlos I, han sido dos mujeres: las infantas Elena y Cristina. La preferencia constitucional (art. 57.1) del varón resulta clara. Enterada nuestra Casa Real (aunque tengo dudas de sí también los mismos Reyes) del precedente de Isabel la Católica, se llevan a cabo gestiones con el cabildo de la Catedral de Burgos, titular y gestor del monasterio de San Juan de Ortega, y el que suscribe, muy amigo de José María Alonso Marroquín, párroco del Santuario de Ortega, casualmente tiene la oportunidad de asistir a la reunión de los canónigos en el mismo San Juan de Ortega, cuando se trata de atender la demanda real de una reliquia del Santo, que “además de conceder la realidad de un hijo, hacía que éste fuera varón”. Se acuerda – con algo de sorna por un canónigo y que otros reprenden – acceder a la petición regia y nacería el Príncipe de Asturias.
La Casa Real tiene memoria y es agradecida. El Príncipe de Asturias, con las dos infantas, hacen andando una etapa del Camino de Santiago que finaliza en el Santuario de San Juan de Ortega, donde almuerzan y estoy invitado. Le pregunto a Don Felipe si conoce el motivo de realizar esa concreta etapa y me responde que lo desconoce. Entonces le informo de lo anterior, que escucha atentamente y agradece. Supongo que lo recordará.”
Cierto es que D. José María fue un hombre de acción, no de letras. El mejor homenaje y acto de reconocimiento a D. José María sería que el Cabildo catedralicio de Burgos, a cuyo patronazgo pertenece el monasterio, “hito vivo en el Camino de Santiago” como lo ha definido Braulio Valdivielso en su libro “San Juan de Ortega”, hiciera el esfuerzo necesario, eliminando “hojarascas”, para que el santuario de Ortega volviera a rimar con la vida que le dio el sacerdote que ahora está esperando la resurrección en el viejo claustro jerónimo.
Pablo Arribas Briones

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